El relato oficial de las agresiones sexuales

Se ha celebrado en la Universitat Jaume I el encuentro “De la discriminación a los delitos de odio: la invisibilidad y la victimización de los géneros”. Lo ha organizado el Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano, y en mi sesión he hablado de cómo las sentencias judiciales relatan la agresión sexual. Ha sido una sesión controvertida. El tema merece un artículo…

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… lenguaje administrativo …

Acaba de celebrarse la 2ª edición del curso de Actualización del Lenguaje Administrativo, en el Ayuntamiento de Oviedo. Junto con Jesús Hernández Galilea (profesor de Derecho Procesal en la Universidad de Oviedo) y José Antonio González Salgado (asesor lingüístico del bufete Uría Menéndez), he explicado las claves de un discurso administrativo verdaderamente democrático y eficaz. ¡Hasta la próxima!

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El cuerpo y los peligros cotidianos

El cuerpo y los peligros cotidianos: origen y consolidación del individuo hipervigilante en el imaginario colectivo

Publicado en: Papeles del CEIC (2018/1)

Resumen:

En la tensión entre seguridad y libertad, vertebradora del liberalismo avanzado, el invento del riesgo cumple un papel esencial, no solo porque resuelve dilemas propios de la gestión pública, sino porque ha penetrado en la esfera privada de los individuos haciendo emerger una nueva subjetividad, que será el objeto de este artículo: la del individuo hipervigilante.

Con carácter teórico, este texto desgrana los procedimientos por los cuales, en el seno de la cultura del peligro, la llamada razón actuarial (aquella que pone la estadística al servicio del cálculo de riesgos) transforma la mirada de la medicina sobre el hecho patológico, lo que, a su vez, repercute en el modo como los individuos entienden su cuerpo y los peligros que lo acechan.

Así, se concluye que esa nueva subjetividad exige comportamientos prudentes, que no comprometan la seguridad del cuerpo propio y, a menudo, exige también implicarse en la prevención de enfermedades y la promoción de la salud. Además, la medicina actuarial fragmenta el cuerpo y computa los riesgos específicos de cada fragmento, de modo que invita al individuo a conceptualizarse a la manera de un mapa de riesgos. La hipervigilancia se ha asentado ya plenamente en el imaginario colectivo, por lo que es posible identificar su presencia en las producciones culturales contemporáneas. La obra narrativa de Lydia Davis proporciona ejemplos muy ilustrativos del individuo hipervigilante.

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BYE, BYE, CAMPUS! (Sobre la emergencia de la QUIT LIT)

Todo aquel que decide consagrarse a la vida académica hace consigo mismo un contrato privado: me sacrifico, me esfuerzo, peleo, y a la larga—si es que nada se tuerce en el camino— alcanzaré el Dorado, que es, para un académico, obtener una plaza que permita ganarse la vida repartiendo su tiempo entre la enseñanza, la investigación y la escritura. Oro puro. Y, sin embargo, en esa promesa no se incluye ni la frustración, ni las condiciones miserables de la vida académica, ni la mezquindad y toxicidad de los departamentos universitarios.

Internet ha dado espacio y oportunidad para que muchos académicos den a conocer la precariedad en la que trabajan. Es más, en los últimos años ha aparecido una temática nueva en foros y blogs, a la que se ha dado en llamar “Quit lit”, o literatura de la renuncia, y que se define por ocuparse de las razones por las que los profesores universitarios deciden dejar la academia y cambiar de rumbo.

Francesca Coin acaba de publicar un artículo estupendo sobre este tema. Se titula, precisamente, On quitting (2017), ha aparecido en la revista Ephemera (Theory & Politics in Organization) y disecciona el impacto de la carrera universitaria (y, en concreto, de la racionalidad basada en la competitividad feroz) en la subjetividad de los académicos. Con todo, la conclusión de Coin es esperanzadora. Urge, dice, rebelarse y crear espacios nuevos en los que configurar una academia diferente.

La rebelión del oncocuerpo

Enrique Gavilán entrevista a Raquel Taranilla para NOGRACIAS:

nograciasHay algo que todo médico tiene que tener claro desde el comienzo de su andadura profesional: que una cosa es el enfermar y otra la enfermedad. Lo primero solo puede ser descrito y acotado por el que sufre, a pesar de que es una tentación médica habitual negarlo o minimizarlo (no tiene usted nadalas pruebas son normales); pero lo segundo, la enfermedad, ha sido históricamente territorio de la ciencia, en su afán normalizador y categórico. Sin embargo, hablar de la enfermedad solo en términos médicos también es una forma de colonialismo, una manera sutil de medicalización.

Por fortuna hay individuos que reivindican la pervivencia de la historia personal, que se cuela, obstinadamente, por entre los huecos que deja la historia clínica, erigida como la oficial y la única que parece importar. Es lo que ha hecho la licenciada en Derecho y doctora en Filología Hispánica Raquel Taranilla en su libro Mi cuerpo también. Con  ironía a raudales y pulso inteligente, con golpes de realismo desprovisto de heroicidad y vacío de intención moralizadora. Tal y como ella es.

Desde la clínica de fertilidad: alianzas reproductivas, madres jubileas y bebés probeta

danaeEste artículo comienza abordando el discurso producido en torno a la tecnología de la reproducción asistida. A partir de los textos emitidos por la clínica de fertilidad, se pretende comprender el papel actual de los tratamientos reproductivos y plantear, yendo más allá de las críticas que generan, en qué han ayudado a derribar estereotipos muy establecidos.

En primer lugar, la generalización de las tecnologías de reproducción asistida ha acabado con el relato hegemónico sobre la concepción humana (en el que un espermatozoide poderoso logra conquistar un óvulo e iniciar una vida nueva).

En segundo lugar, la clínica de fertilidad obliga a entender la reproducción humana como una tarea colectiva, en la que se generan relaciones fructíferas.

En tercer lugar, también hace emerger nuevas subjetividades ligadas a la maternidad/paternidad y la filiación, que consiguen desestabilizar ciertas identidades de género y de familia que han sido privilegiadas hasta ahora.

A modo de ejemplo de nueva subjetividad, se propone la maternidad jubilea, en cuya fusión de cuerpo y tecnología queda cuestionada con éxito la construcción social de la esterilidad.

Publicado en: Kamchatka. Revista de Análisis Cultural 10: 107-127.

https://ojs.uv.es/index.php/kamchatka/article/view/10523/10587

Reseña a Sumario 3/94

Por Imanol Miramón, para KATAKRAK.

Gracias a la editorial La Uña Rota, podemos disfrutar de la lectura de Sumario 3/94; un libro muy especial, una joya de estas que te encuentras muy de vez en cuando. Un libro que resuena, en su forma o en sus apuestas, con otras obras, como Yo, Pierre Rivière… (Michel Foucault) o como El Preceptor (Michael Hagner).

El juego que establece el libro es múltiple. Por un lado, atrapa como una novela negra, como la auténtica novela negra, escrita con mayúsculas. Lleva hasta el extremo la afección y moviliza rápidamente todas las pasiones. Incluso cuesta hablar de ello, ya que no permite la distancia de la ficción. Si una obra de ficción es buena cuando «te atrapa», Sumario 3/94 no te deja, desde el principio, soltarte. Porque soltarse nos acercaría a la frivolidad (peligro que acecha incluso a una reseña como esta).

Desde el primer momento sabes que no se trata de un juego, de un «como si»; estamos ante unos hechos reales y la novela es un ejercicio particular de narrar lo ocurrido desde una parte silenciada. Paradójicamente, esta parte silenciada, y que ahora habla por medio de este escrito, lo hace de una manera muy particular: volviendo a callarse, recopilando documentos escritos por otras personas, por quienes sí han podido hablar. Y el efecto que produce la recopilación, como bien dice Miguel Ángel Martínez en su texto final, es crear una voz narradora desde el silencio de quien no crea, quien no habla, quien no escribe.

Sin embargo, por otro lado, la novela pretende también algo más, y lo atestigua el estudio crítico final. Pretende hablar de cómo los discursos policiales y jurídicos son en sí mismos narraciones, construcciones, relatos con sus mochilas y sus deudas inconfesadas. El brillante artículo de Raquel Taranilla en el estudio crítico desmenuza con esmero algunas de esas deudas, que solo podíamos intuir, y nos muestra los entresijos de esa justicia narrativa. El libro pretende, así, destripar cómo funciona eso que se suele llamar «hacer justicia» por parte de una institución que utiliza como herramienta fundamental, sin saber lo que tiene entre manos, el lenguaje.

Y es en este punto cuando podemos ver la apuesta teórica que subyace, quizás también agazapada, a Sumario 3/94. Dicha apuesta, un auténtico órdago, apunta a las bases mismas de cómo se constituye en nuestro mundo (occidente, modernidad, elíjase el mejor nombre) la objetividad … (sigue)

Historia de una pesadilla judicial

Reseña de Sumario 3/94, por J.C. Galindo, en el blog Elemental, de El País.

A una hora sin precisar entre el 18 y el 19 de junio de 1994 María José Picó, 84 años, fue asesinada en su casa en Ibi, Alicante. Cuatro días después, Vicente Arlandis, su vecino, el hombre que denunció su desaparición, el ciudadano que ayudaba a diario a la anciana fue detenido acusado de su asesinato. En Sumario 3/94 Vicente Arlandis y Miguel Ángel Martínez reconstruyen todo el infierno judicial que vivió el acusado a través de la reproducción de los cinco tomos del sumario de este caso que deja al lector estupefacto. Varios avisos para navegantes: el libro no trata de ser imparcial (el hijo del acusado es uno de los autores); tampoco es un ensayo (a pesar de tomar todo el material de la realidad, el resultado es un extraño experimento que coquetea con la ficción); es muy complicado que el lector haya tenido algo similar entre las manos. “Fue el hijo quien vino a nosotros con el libro” nos comenta Carlos Rod, responsable último de la edición en La Uña Rota. “Es un artefacto inclasificable” añade.

Leer Sumario 3/94 es meterse de lleno en la pesadilla del lenguaje judicial, en sus trampas, repeticiones y frases hechas, pero también es empaparse de una historia sórdida y compleja desde un ángulo insólito. Aunque trato de evitarlo, me identifico con ese acusado que va siendo poco a poco devorado por el sistema. Aunque conozco el final, deseo que sea distinto. A pesar de todo, me surgen dudas que me sacan a patadas de la zona de confort. Lo fascinante del libro no es que sea un alegato de inocencia de alguien interesado, que no lo es, sino que sea la mejor muestra de cómo se construye un determinado discurso en un proceso judicial.

Vayamos por partes: la mujer murió desangrada, después de recibir más de 60 golpes con objetos punzantes y ser acuchillada con torpeza en el cuello. Arlandis y José Antonio Peiró fueron acusados de robo con homicidio doloso. Al protagonista de la historia le cayeron 29 años de prisión. Salió en 2007 en libertad condicional y definitivamente en 2012. En 2004 se le denegó el indulto. Arlandis accedía al piso de la víctima y le ayudaba con las cuentas del banco y con la economía diaria, lo que terminó siendo su perdición.

Durante el proceso el principal acusado fue defendido por un abogado de oficio y cometió varias torpezas en sus declaraciones. También es verdad que se tomó como cierto el testimonio incoherente que le sitúa en un pub tras el crimen comentándolo con otros dos sujetos a pesar de que no hay pruebas ni más testigos. Y también lo es que un testigo esencial dijo conocer el caso por el periódico para luego reconocer que era analfabeto. Y el juez tuvo en cuenta al menos seis indicios no suficientemente consolidados.

Como demuestra Raquel Taranilla en el texto que abre la edición crítica, un anexo esencial para contextualizar y asimilar este embrollo judicial, la necesidad del sistema de construir un relato orientado en una determinada dirección fue decisivo a la hora de condenarlo. En el texto De la construcción de la verdad judicial, Taranilla audita y destroza el sumario que acabamos de leer y subraya sus contradicciones en un sano ejercicio de fiscalización ciudadana. Por ejemplo, la señora Agustina dijo, sin pruebas, que Arlandis robaba a la señora y ese fue el punto de partida de toda la instrucción. Nunca se comprobó si esto era cierto, si era algo más que un rumor malintencionado. Después, el juez de instrucción orilla lo que no conviene para crear un relato verosímil, sí, pero con el problema de que lo que se necesita aquí es algo más que verosimilitud. Pero el rodillo ya está en marcha. El ministerio fiscal recoge el testigo y remata el relato.